este tema se desarrolla según el programa publicado de la asignatura.
se pretende definir la pertinencia de los valores tradicionalmente atribuidos a la ciencia, dentro del proceso de diseño arquitectónico. se contrapondrá al fenómeno de "arquitectura revelada" por el que parecen operar gran número de transmisores del conocimiento (¿?) arquitectónico.
dicotomía revelación/ciencia en el proceso de creatividad arquitectónico:
los procesos científicos, a través de las 3 herramientas que los caracterizan (objetividad+inteligibilidad+innovación), permiten la transmisión precisa del conocimiento, la explicación y justificación de decisiones. por contra, la comunicación del conocimiento revelado, se hace de maestro a discípulo, sin mediar explicación alguna, puesto que aquí el conocimiento es fruto de una fuente superior que no necesita justificación. sorprendentemente, la transmisión de las claves que cifran la "corrección" del proyecto arquitectónico se vienen produciendo según un proceso de revelación, en las escuelas y crítica arquitectónica. este fenómeno impide la innovación, puesto que sin saber porqué se hacen las cosas, dificilmente podemos hacer más que copiar los modelos precedentes. por ello, la creatividad en arquitectura está íntimamente ligada a procesos de conocimiento que siguen pautas científicas.
La arquitectura actual parece sustentar su criterio en un mundo de humo y espejos en el que todo debe ser inefable. Frente a esa inefabilidad, proponemos la Objetividad en la ideación de la Arquitectura. Por tanto buscaremos una serie de valores objetivos a los que podamos remitir con precisión.
“Procede aquí introducir una primera definición de diseño científico, que sería la siguiente: entendemos por diseño científico el conjunto de métodos y sistemas de diseño que nos permiten conocer de forma inteligible el comportamiento futuro en todo o en parte del objeto a realizar.” (Fundamentos de Composición Arquitectónica y Arquitectura y Medio Ambiente. 2001/02. Cabeza Lainez, Jose María)
dicotomía arte-ciencia:
Pretendemos, en este apartado plantear los límites difusos entre la ciencia y el arte. Para ello, nos gustaría apoyarnos en un fragmento del libro “Hablemos de la vida”, del filósofo Juan Antonio Marina, en el que, de una forma brillante y lúcida enfrenta los conceptos ciencia y poesía:
“No podemos olvidar que la ciencia nació de ese mismo impulso por explicar, por aprehender, por humanizar conceptualmente la realidad. En su origen la ciencia fue y es una actividad poética que busca conocer. Nos conviene recuperar este origen común que Machado, el humilde e inteligentísimo poeta, vio con claridad:
De la mar al precepto,
Del proyecto al concepto,
Del concepto a la idea.
¡oh, la linda tarea!
De la idea a la mar,
Y otra vez a empezar.
La ciencia, como la poesía, es un proyecto de expresión. La única diferencia es que el lenguaje científico tiene unos procedimientos de corroboración que la poesía no exige.”
+ la presencia de la ciencia en la cultura postmoderna
+ diatriba sobre la postmodernidad: ciencia/relativismo
+ valor añadido de la arquitectura
+ valores de la ciencia
+ los tres principios del conocimiento: objetividad + inteligibilidad + renovación
(T1, pg.9)
+ simulación como forma de inteligibilidad aplicada a la arquitectura
+ la comunicabilidad
+ validez de la dicotomía ciencia/arte
+ ciencia como motor de la creatividad
+ revelación versus ciencia
+ divismo arquitectónico, de vuelta a la caverna
palabras clave
postmodernidad
ciencia
creatividad
comunicación
objetividad
inteligibilidad
renovación
simulación
……………
debate:comprensión / lugares comunes del papel social de la arquitectura
polémica: aceptación de la dimensión científica
implicaciones: renovación del papel del arquitecto
referencias
programa/cd de la asignatura – tema 1.
texto:
"...
www.ciencia2007.es
Ciencia y Arquitectura
En el año 40 antes de Cristo, un arquitecto e ingeniero romano llamado Marco Lucio Vitrubio escribía en el tratado que quien quiera llamarse arquitecto debe “estudiar gramática; tener aptitudes para el dibujo; conocer la Geometría; no estar ayuno de Óptica; ser instruido en Aritmética y versado en Historia; haber oído con aprovechamiento a los filósofos; tener conocimientos de Música; no ignorar la Medicina; y unir los conocimientos de la Jurisprudencia a los de la Astrología y movimientos de los astros”. Y justificaba, por ejemplo, que “la Medicina es necesaria al arquitecto para conocer cuales son los aspectos del cielo, que los griegos llaman climas, las condiciones del aire en cada lugar; qué parajes son nocivos, y cuáles saludables, y qué propiedades tienen sus aguas, porque sin el conocimiento de estas circunstancias no es posible construir edificios sanos”. O “la Filosofía de la naturaleza de las cosas, que en griego se llama Fisiología, que es necesario estudiar cuidadosamente pues hará al arquitecto capaz de resolver multitud de temas diversos, ya que en ella se trata de muchas y variadas cuestiones naturales, como las referentes especialmente a la manera de conducir las aguas en su curso, pues en sus rodeos, en sus subidas, y bajadas, en las diferencias de nivel y en las tuberías que las conducen, se originan ya de una manera, ya de otra, corrientes de aire de distinta naturaleza”.
A Vitrubio no le faltaba razón. Si hay un rasgo que, también hoy, define a la arquitectura es su interdisciplinariedad. No es posible construir un edificio sin estudiar previamente las características del suelo que lo sustenta, evaluar las tensiones y las cargas para el correcto diseño de sus estructuras, calcular sus proporciones o escoger la orientación adecuada. También son cada vez más evidentes las referencias a estructuras biológicas (espirales, fractales, hiperboloides...) que emplean los arquitectos. La eficiencia energética empieza a convertirse también en una prioridad para el moderno diseño de edificios.
Dimensiones y proporciones
En toda creación arquitectónica está presente la geometría. Y las reglas geométricas que rigen las composiciones arquitectónicas persiguen, en esencia, la perfección en la proporción. Durante los últimos siglos se ha venido considerando que el número Fi también llamado número de oro o divina proporción, es un baremo de equilibrio y belleza en cuanto lo que a proporciones se refiere. Como explica Lucca Pacioli en su obra Divina proportione, el valor de Fi es 1.618033988..., es decir, el límite al que tiende la división entre dos números cualesquiera de la conocida serie del matemático Leonardo Fibonacci, donde cada término se obtiene de la suma de los dos anteriores, empezando por 0 y 1 ( 0, 1, 1, 2, 3, 5, 8,13, 21, 34, 55, 89, 144,…) Estos cánones fueron aplicados más tarde por Leonardo da Vinci a las proporciones de la figura humana en el famoso hombre de Vitrubio. El Partenón de Atenas, la catedral de Notre Dame o la actual sede de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) son buenos ejemplos de la aplicación de la divina proporción a la construcción de edificios.
El magistral uso del número de oro que hicieron los griegos al construir el Partenón y los trabajos de da Vinci sirvieron de inspiración, en el siglo XX, a uno de los máximos exponentes de la arquitectura moderna, el francés Le Corbusier. Su mayor aportación fue Le Modulor (El Modulor, 1948), un método de proporciones inspirado en el número de oro que utiliza como unidad modular de escala el tamaño del hombre, estableciendo con ella las alturas correctas de los objetos que usamos y de los elementos de una construcción arquitectónica. En este caso la proporción viene dada por la altura de un hombre con la mano levantada, siendo su medida de 226 cm. “Antes eran el pie y la pulgada, una escala humana, pero con el sistema métrico perdimos eso, ya que despersonalizó los instrumentos de medida”, explicaba en cierta ocasión Le Corbusier. “El metro, el centímetro, el decímetro no son de la escala (humana), el modulor sí”, añadía el arquitecto francés. Y el físico y matemático Albert Einstein le dio la razón al afirmar que era “una gama de dimensiones que facilita el bien y dificulta el mal”
Además del número de oro, existe otro número de gran interés para la arquitectura: la constante plástica, también conocida como número de plata (1,3247179...). Descrita en 1928 por el arquitecto y monje benedictino Hans van der Laan, está ligada a dos proporciones, 3:4 y 1:7 aproximadamente, que van der Laan consideraba fundamentales para la percepción humana de la forma de los objetos. La escala creada a partir de este número sirvió de base, entre otras cosas, para la construcción de la capilla de St. Benedictusberg.
Aunque las escalas de Le Corbusier y van der Laan son las más populares, muchos arquitectos han optado por desarrollar sus propios sistemas de proporciones. Por ejemplo, hace poco se descubrió que para establecer las proporciones de la Sagrada Familia, a principios del siglo XX, Gaudí utilizó el número 12 (de los apóstoles) y sus divisores (1,2,3,4,6,12) para hacer las proporciones del edificio en relaciones del estilo 1/3, 1/4, 1/2, 2/3, 3/4.
Y no es esta la única referencia matemática interesante en la obra del ingeniero catalán. La clave de algunas de sus espectaculares creaciones, como el techo de la Sagrada Familia o las columnas del Palau Güell, reside precisamente en una forma matemática conocida como paraboloide hiperbólico o silla de montar. Se trata de una superficie que a pesar de ser curvada se puede construir con líneas rectas. Gaudí fue el primero en emplearla para techos, cubiertas y otros detalles de sus edificios. Y más recientemente, los arquitectos Félix Candela y Santiago Calatrava la empleaban magistralmente en el diseño de la Ciudad de las Artes y de las Ciencias de Valencia, en particular, en las espectaculares cubiertas de L’Oceanogràfic, sus instalaciones para el conocimiento del mundo marino.
Construcción Sostenible
Los expertos en la obra de Gaudí destacan dos rasgos claves del arquitecto que condicionan todo su trabajo: la formación técnica en matemáticas y geometría que recibió siendo joven, y el uso de la naturaleza como referente de inspiración. En efecto, muchas de sus obras recuerdan a elementos vegetales. También aplica los principios de fractalidad, es decir, la división reiterativa presente, por ejemplo, en las ramas de un árbol o la división de los bronquios de nuestros pulmones. Los principios de fractalidad proyectual se encuentran también en obras del popular Frank Lloyd Wright y en muchos diseños modernos de plantas de aeropuertos o agregados de viviendas, entre otros ejemplos.
También el concepto de edificios verdes toma como referente a la naturaleza. Se trata de estructuras concebidas para aumentar la eficiencia y reducir el impacto medioambiental que, al mismo tiempo, mejoran el bienestar de sus usuarios. Su construcción es el objetivo de la arquitectura bioclimática, ecológica o sostenible, que considera el edificio como una segunda piel que debe, entre otras cosas, proporcionar confort y disminuir el consumo de energía. Por ejemplo, la potenciación de la luz natural en el interior de la vivienda no sólo repercutirá en un ahorro económico y en un menor impacto medioambiental, sino que también podría reducir el posible estrés de sus ocupantes.
Entre los expertos en el terreno de la arquitectura ecológica destaca William McDonough, inventor del paradigma de diseño “Craddle-to-Craddle”, que propone que el diseño humano puede aprender de la naturaleza para ser “efectivo, saludable y enriquecedor”. Una de las mejores muestras de su concepción de viviendas sostenibles se está construyendo en estos momentos en Barcelona. Se trata de Ecourban, un proyecto que comprende dos edificios de oficinas (“verde” y “azul”) y un apartahotel. Las dos cubiertas, tanto la verde como la azul, recogen el agua de lluvia, liberándola lentamente en los espacios verdes, aíslan térmicamente el edificio y evitan el efecto “isla de calor” urbana.
La “piel” de los edificios está formada por fachadas ventiladas de terracota que evitan la humedad y proporcionan aislamiento térmico. Los materiales elegidos son en su mayoría reciclables y siguen los criterios de deconstrucción ecológica. La ventilación natural, el sistema de persianas y paravientos, o las fachadas con enredaderas verdes son algunos de los elementos que contribuirán a ahorrar entre el 30 y el 40 por ciento de la energía en relación con otros edificios similares.
No es el único intento de transformar nuestro concepto de vivienda para cuidar el medio ambiente. La Universidad de Nottingham acaba de construir una vivienda (C60) que, según sus creadores, reduce la emisión de gases de efecto invernadero en un 60 por ciento. Y en el departamento de Arquitectura del Instituto de Tecnología de Massachussets (MIT) trabajan en nuevas estrategias para incorporar la luz natural al diseño de edificios, teniendo en cuenta sus efectos positivos no sólo desde el punto de vista del ahorro energético sino también para la salud humana. Entre otras cosas recomiendan usar el heliodón, un dispositivo que permite simular la ruta aparente del sol en cualquier época del año, ideal para estudiar el asoleamiento de un edificio o área urbana y ensayar distintas orientaciones y disposiciones durante el desarrollo del proyecto. Y es que, como afirma McDonough, un buen arquitecto primero mira al sol.
Domótica
Crear casas “inteligentes” es el principal objetivo de la domótica. El término proviene de la unión de las palabras domus (casa) y robótica, y hace referencia al conjunto de sistemas capaces de automatizar una vivienda. Estos sistemas pueden estar integrados por medio de redes interiores y exteriores de comunicación, cableadas o inalámbricas, que se controlan desde una “puerta” centralizada (gateway en inglés) encargada de gestionar las diversas partes de una vivienda.
En esencia, en domótica existen cuatro líneas fundamentales de desarrollo: la seguridad, el ahorro energético, el automatismo como medio de confort, y el ocio y las comunicaciones. Esto incluye, entre otras cosas, sistemas de visión con reconocimiento de caras e identificación de personas para el acceso al hogar, dispositivos activos que regulan la climatización y controlan el consumo eléctrico, automatización de apertura de puertas y levantamiento de persianas, y, por supuesto, Internet, la televisión digital y las redes inalámbricas.
Y el despegue de esta disciplina no ha hecho más que empezar. Según un estudio reciente de la Comisión Multisectorial del Hogar Digital (Asimelec) un 10% de promotoras que ofrecen ya domótica dentro de sus promociones, y otro 15% las incluye en algunas de sus obras. La domótica actual, la que ya está en marcha, sólo sienta las bases de un futuro más que prometedor, aseguran los expertos.
..."
Esta bitácora recoge el material impartido en la asignatura COMPOSICIÓN ARQUITECTÓNICA de la ETS de Arquitectura de Sevilla, por el prof. Benito Sánchez-Montañés Macías, así como los criterios docentes que se seguirán en sus clases. También se incluye material relacionado o vínculos que se consideren de interés. NOTA: las entradas siguen el orden inverso propio de un blog. Alumno Colaborador: Francisco Beltrán
16.2.06
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7 comentarios:
Espero esta vez conseguir subir la referencia...pues ya lo intentecon un comentario...y me temo q se perdio en algun lugar de la red.El libro del que hablé en clase,que ojalá todo estudiante de arquitectura lo tuviese en sus manos en algún momento,es este:"El arquitecto de la comunidad" de Rodolfolibingston.La editorial es argentina,no podeis encontrarlo en España,pero si a alguno os interesa tendo una copia que me encantaría dejaros para fotocopiar.Un saludo.
gracias por el dato, isabel.
por lo que he encontrado, "el arquitecto de la comunidad" de rodolfo livingston (la ortografía correcta sirve para encontrarlo más fácilmente) es una experiencia de diseño participativo que se verificó en cuba, de 1991 a 2000. pero no veo nada más. te invito a dar una clase sobre el tema.
Acabo de leer el texto de Julio Cortaza,"Instrucciones para subir una escalera" yo lo he encontrado en la red,es muyyyyyyyy bueno,gracioso,inteligente y sencillo,leedlo.Por si acaso,y para que disfruteis de otros de sus textos,pego aquí el texto completo y la dirección donde están el resto de sus obras.Que lo disfruteis!!!Salud.Isabel
http://www.juliocortazar.com.ar/obras.htm
Instrucciones para subir una escalera
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Nadie habrá dejado de observar que con frequencia el suelo se pliega de manera tal que una parte sube en ángulo recto con el plano del suelo, y luego la parte siguiente se coloca paralela a este plano, para dar paso a una nueva perpendicular, conducta que se repite en espiral o en línea quebrada hasta alturas sumamente variables. Agachándose y poniendo la mano izquierda en una de las partes verticales, y la derecha en la horizontal correspondiente, se está en posesión momentánea de un peldaño o escalón. Cada uno de estos peldaños, formados como se ve por dos elementos, se situá un tanto más arriba y adelante que el anterior, principio que da sentido a la escalera, ya que cualquiera otra combinación producirá formas quizá más bellas o pintorescas, pero incapaces de transladar de una planta baja a un primer piso.
Las escaleras se suben de frente, pues hacia atrás o de costado resultan particularmente incómodas. La actitud natural consiste en mantenerse de pie, los brazos colgando sin esfuerzo, la cabeza erguida aunque no tanto que los ojos dejen de ver los peldaños inmediatamente superiores al que se pisa, y respirando lenta y regularmente. Para subir una escalera se comienza por levantar esa parte del cuerpo situada a la derecha abajo, envuelta casi siempre en cuero o gamuza, y que salvo excepciones cabe exactamente en el escalón. Puesta en el primer peldaño dicha parte, que para abreviar llamaremos pie, se recoge la parte equivalente de la izquierda (también llamada pie, pero que no ha de confundirse con el pie antes citado), y llevándola a la altura del pie, se le hace seguir hasta colocarla en el segundo peldaño, con lo cual en éste descansará el pie, y en el primero descansará el pie. (Los primeros peldaños son siempre los más difíciles, hasta adquirir la coordinación necesaria. La coincidencia de nombre entre el pie y el pie hace difícil la explicación. Cuídese especialmente de no levantar al mismo tiempo el pie y el pie).
Llegado en esta forma al segundo peldaño, basta repetir alternadamente los movimientos hasta encontrarse con el final de la escalera. Se sale de ella fácilmente, con un ligero golpe de talón que la fija en su sitio, del que no se moverá hasta el momento del descenso.
Ángel Says:
Octubre 22nd, 2008 at 11:35 edit
Quería comentar los dos términos que hemos estado debatiendo en clase.
En primer lugar la Estética, que lo veo como algo totalmente ojetivo, es mejor o peor en función de lo bien que cumpla la finalidad que se pretende cumplir. Está función suele ir incluida en el programa y depende de lo que pretenda conseguir el que encarga la obra.
Relacionado con este término está la Belleza, simplemente por que ese objetivo que se quería cumplir es que el objeto creado fuera bello. Pero, desde mi punto de vista, la belleza es mucho más subjetiva, y yo diría que no depende de la cultura, sino de cada persona en sí y del tiempo o momento histórico. Se habló en clase de las modas, haciendo que nos pareciera algo más objetiva la belleza, más que moda, creo que lo que está influyendo en la concepción de lo que es bello y lo que no, es la Globalización.
Vicente Partido Borge Says:
Octubre 24th, 2008 at 11:56
Quisiera hacer una reflexión sobre el concepto de innovación y para ello me apoyaré en la obra de Zaha Hadid, Herzog… y toda esta élite de estudios de arquitectura que invaden la biblioteca. Hasta hace escasos días, observando estas arquitecturas me parecían futuristas, pensaba: ¿cómo se puede construir esto?, ó ¿cómo han construido la jaula, o mejor dicho: el Estadio del Nido de Pekín, pero creo estar equivocado, están construidas y por tanto no se puede criticar la ilógica construcción aparente por no seguir la tradicionales pautas de construcción y la transmisión de las cargas verticalmente. Adoptar esta postura sería ignorante, el término correcto sería innovador.
Quizás frente a una arquitectura más racional, gravitacional, vertical ó recta, estas arquitecturas innovan en la concepción espacial de la forma, no voy a entrar si es mejor o peor funcionalmente o en cuanto a aspectos de acondicionamiento, percepción visual… serían temas de igual importancia al que me voy a remitir, serían temas paralelos. Pero me voy a referir a su construcción, porque quizás sea lo que más nos impresione cuando la vemos, yo al menos cuando he visto el puente de Zaha hadid en la Expo de Zaragoza no he pensado en si esta bien climatizado, que sería otro aspecto importante, me he remitido a simple vista a observar la materialización de las formas orgánicas, están construidas, o el enmarañamiento de barras del estadio de olímpico de Pekín De un garabato que hicieron en un papel con una forma curva, orgánica, ó arbitraria, lo que quiera que sea, ahí está. Más que una garabato, es una realidad, evidentemente esto no es solo obra de Zaha hadid o de Herzog y Meuron, llevarán su firma, pero detrás esta todo un cuerpo de profesionales de todas las ramas de la ingeniería, ya sean ingenieros caminos encargados del diseño y cálculo de las estructuras, como ingenieros industriales, de sonido, de materiales… ¡Resulta imposible que lo haya hecho el señor que sale con cara de misterio en la portada de la revista del Croquis u otra!, (me he estoy acordando de Jean Nouvel en una portada). Esta reflexión no quiere decir que los arquitectos no tengamos idea de nada sino que algunas cosas se nos escapan. Lógico, en ese tipo de arquitectura confluyen las ciencias y las técnicas más avanzadas, que por supuesto un arquitecto no es Dios, como alguno que otro se puede haber pensado al entrar por las puertas de esta escuela por primera vez, e incluso algunos lo seguirán pensando cuando salgan de aquí. Pero sí creo que los arquitectos más allá de que después les guste más un tema que otro y se especialicen, debería saber o tener idea de casi todo.
La arquitectura innovadora de este tipo requiere la aportación un completo cuerpo técnico ó de otras ramas que aportarán su sabiduría, es decir necesita de conocimientos objetivos para poder llevar a cabo las orgánicas formas que vemos en las revistas. Distinto es lo que nosotros hacemos en nuestro cuadernito de proyectos, es decir no vale hacer una ameba sino sabes construirla, evidentemente me supongo que Zaha Hadid tampoco sabe pero bueno como dice Benito: “¡hay que tener una buena agenda de números de teléfono para saber a quién preguntar!”. Bueno me quería referir a que si tu no sabes materializar lo que dibujas en tu fantástico cuaderno de proyectos es, o una de dos, o no tienes en la caja de herramientas los conocimientos necesarios (objetividad) de construcción, estructuras…, ó por otra parte, esta materialización se escapa de tus manos, en este caso, habrá que pedir asesoramiento.
Vicente Partido Borge Says:
Octubre 24th, 2008 at 11:56
Quisiera reflexionar con otro ejemplo relacionado con la innovación y el concepto tiempo. Me gustaría poner como ejemplo a los romanos frente a la sociedad actual. Ellos ya construían obras de arquitectura e ingenieriles espectaculares comparables a las actuales en grandeza, gracias, entre otros aspectos, a la innovación de la argamasa romana y al ladrillo cocido ejecutaron obras magistrales como el puente romano de Alcántara, en Cáceres… ¿Que diferencia hay entre este puente romano y un puente actual de arco, a parte de los materiales y los métodos innovadores de cálculo, a grandes rasgos ninguna, trabajan igual, hacen el mismo servicio, y siguen en pie. Los romanos innovaron, la sociedad actual también innova, pero parece que sigue un ritmo más lento, como si nos dedicáramos a repetir lo que ya está hecho. Pero los arquitectos en particular, individualmente, ¿pueden, podemos, o es un grupo selecto el que innova?, ¿Que es la innovación?, ¿hacer algo nuevo en base a conocimientos científicos recientemente experimentados y llevados a la práctica?, ¿cual es la dimensión de lo que se innova?, ¿Pueden ser objetos grandes, pequeños, edificios, puertas, ventanas, materiales…?, ¿Cómo se sabe si es una innovación ó no?, ¿es algo nuevo que alguien inventa y aplica directamente a la arquitectura?
Otro ejemplo, el hormigón y el acero son los reyes de la construcción, con estos materiales se diseñan la mayor parte de los objetos arquitectónicos. Pero, dentro de muchas y muchas décadas, quizás el hormigón o el acero sean sustituidos por los “nuevos” materiales y tecnología ya emergentes, me refiero a las fibras, fibras de carbono, poliéster, vidrio, kevlar… Quizás en una etapa futura veamos edificios que incorporen estos materiales, o puentes en vez de hormigón pretensado sean de fibra de carbono, que es más costosa pero aguanta más. ¿Es eso innovación?, ¿aplicar algo nuevo a la sociedad?, ¿renovar o mejorar algo antiguo?
Mi conclusión es que la base de la innovación es la ciencia, a partir de ella se podrá diseñar todo lo que se imagine. No creo que ningún arquitecto de la edad media dibujase membranas o telas ó curvas orgánicas que no se saben como se sostienen. Nosotros las dibujamos, copiamos ó más sutilmente “tomamos referencias” en nuestro cuadernos porque previamente la hemos visto en las revistas. Leyendo libros de arquitectura se aprende, también se aprende pasando hojas a las revistas, que es lo que habitualmente hacemos cuando nos mandan un proyecto, pero creo que seremos menos dependientes de las revistas, y a su vez aprenderemos más de las fotos que nos muestran las revistas si previa o conjuntamente aumentamos nuestra caja de herramientas a base de conocimientos aplicables e inteligibles, y no al revés, no a base de copiar lo que vemos en las revistas sin saber porque. Lo mejor es tener una gran caja de herramientas y una buena memoria visual de edificios, ya sean a través de las revistas o libros o viajando. Pero siempre uno podrá abordar, valorar, aprender y observar un edificio cuantos más conocimientos tenga de todas las ramas que confluyen y forman la disciplina arquitectónica, o porque no, otras disciplinas ajenas a esta. Como dice Benito: “la duda y la confusión son la base del conocimiento”. Nada está claro, todo es relativo, mejorable, e incierto a la vez.
José Miguel Acosta Says:
Octubre 25th, 2008 at 0:34
En respuesta a Ángel, decir que no pienso que el problema de la belleza y la estética tenga vigencia hoy en la arquitectura. Quiero decir, que hoy en día la belleza y la estética del edificio que se construye está muy atrás en la lista de preocupaciones a la hora de proyectar, creo yo.
Cuando se empieza un proyecto, no es inmediato coger el papel y empezar a dibujar algo bonito, sino que antes de todo eso hay una labor de análisis del lugar del proyecto, de las necesidades (si son convenientes o no), de cómo va a caber el edificio en el solar con todo el programa que se pide, en definitiva, de cómo dar una respuesta correcta. Sí que se plantean situaciones de relación, proporción y escala de espacios que resulten agradables al usuario, pero no para buscar un edificio bonito. Es como si la belleza del proyecto estuviera ya implícita en estas cuestiones, como si resolviendo bien el edificio ya fuera bello.
Por ejemplo yo no creo que el uso masivo de la cubierta plana sea algo estético, sino que simplemente la forma se simplifica. La cubierta plana no es un estilo arquitectónico. De hecho, no es correcto hablar de estilos arquitectónicos refiriéndonos a la arquitectura actual, porque la arquitectura actual no es un problema de estilos. Hay otros problemas mucho más acuciantes, aunque sí es verdad que hay arquitectos que se reconocen fácilmente en sus obras.
En resumen, que se buscan valores arquitectónicos como los de implantación sobre el terreno, soleamiento, tensión entre formas, y luego se discute si, por ejemplo, la cubierta será inclinada o plana. Y la respuesta a ello no vendrá por la estética seguramente, sino por la necesidad del lugar de evacuación de aguas.
Y para decir esto, me apoyo en dos situaciones:
- La cantidad de edificios feos que admiramos los arquitectos.
- Nuestros proyectos son todos blancos, en hormigón visto, en acero cortén… Parece que al proyectar dejamos esas decisiones estéticas muy apartadas, y al final lo incluímos de pasada, por lo que no pienso que la estética esté en un primer lugar a la hora de proyectar.
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